SALA I
La casa
Coladas y limpieza
Ropa soleada,
dos veces lavada.
Seguimos diciendo lo de "hacer la colada", "tender la colada"..., pero hemos perdido ya su significado primitivo. Recoge este rincón los utensilios que se utilizaban cuando no había agua en las casas y se lavaba en el barranco o en el río. Incluimos también otros utensilios utilizados para la higiene personal.
Balde
m. Recipiente de forma y tamaño parecidos a los del cubo. ( (DRAE)
De cinc o cincado y con dos asas; se llevaba, si era grande, en la cabeza con la ayuda de una rodilla o rodete; si no lo era, se solían llevar al costado. En él se llevaba y traía la ropa del río o del barranco. Alguno hubo que desapareció -lleno de ropa- arrastrado por una barrancada tras una tormenta repentina de verano.
Barreñón
Recipiente de barro, vidriado por dentro. Inexcusable tanto para el bodrio de las morcillas como para el picadillo de los chorizos y salchichones. En él esperaban las sopas de pan -cortadas con garlopa- la mezcla con la sangre, el arroz cocido, el azúcar y las distintas especias: canela, nuez moscada, pimienta -que era la 'especia' por antonomasia-, que en distintas proporciones hacían que la morcilla de cada casa fuese distinta.
Cajón de lavar
Agua corriente en las casas no hubo hasta la década de los sesenta del siglo XX. Hasta entonces se lavaba en el río y en el barranco. En el lavadero, menos; sobre todo -aunque parezca mentira- desde que se anuló el antiguo pozo corrido típico de los lavaderos tradicionales y el ayuntamiento colocó unas modernas pilas individuales en alto.
Para lavar en el río o en el barranco (de arriba y de abajo) hacía falta un cajón. Permitía que la lavandera estuviese arrodillada sin mojarse, tanto en el suelo como por las salpicaduras. Solían tener además una almohadilla para mayor comodidad.
Jarra de lavabo
Complementaria del lavabo, se trataba de una jarra metálica de unos 60 cm de altura troncocónica y con una gran asa con una disposición muy lograda para que no costase verter el agua en el lavabo tanto si había mucha como si ya quedaba poca en la jarra. En algunas casas, el nombre de este recipiente era 'jarrón'.
Lavabo
m. Mesa, comúnmente de mármol, con jofaina y demás recado para el mismo uso. (DRAE)
Los había sencillos: un simple soporte de madera de tres patas que sostenía el lavabo (y la jabonera a veces) arriba y el caldero para almacenar el agua sucia abajo; este caldero, cilíndrico para que tuviese más cabida, disponía de una tapa con un amplia agujero en medio por el que entraba el agua del lavabo. Otros disponían además de espejo y toallero, así como de soportes para colocar una par de velas. Los más completos formaban un elegante mueble de madera y mármol con depósito para el agua y grifo incluidos
Barreño
m. Vasija de barro, metal, plástico, etc., de bastante capacidad, generalmente más ancha por la boca que por el asiento, que sirve para fregar la loza y para otros usos. (DRAE)
Barreño de colar
Llamado también colandero, este recipiente servía para lo que ahora se llama 'meter en lejía'. Una vez lavada la ropa blanca, se colocaba en él y se le ponía encima un paño con ceniza bien cernida. Por encima se echaba agua hirviendo y se dejaba reposar un rato y aun se removía con un palo. Después se aclaraba. Los agujeros que tenía en su parte inferior se tapaban mientras la ropa estaba en colada.
Jabón
El jabón se hacía en casa. Era un modo de aprovechar las grasas que sobraban de la cocina o el sebo de los animales. Se hervía con sosa cáustica dándole vueltas. Después de escuillaba en moldes forrados de papel. Para que diera más espuma se le añadía resina.
Jofaina
f. Vasija en forma de taza, de gran diámetro y poca profundidad, que sirve principalmente para lavarse la cara y las manos. (DRAE)
O palangana. Antecedente del actual lavabo, servía tanto para lavarse como para llevar ropa a lavar si esta era poca. Podía utilizarse suelta o colocada en un soporte metálico de tres patas.
Tabla de lavar
1. f. tabla de madera que en una de sus caras lleva talladas unas ranuras y sirve para restregar sobre ella la ropa al enjabonarla. (DRAE)
Aunque normalmente se frotaba y golpeaba la ropa sobre una piedra apropiada que se colocaba semihundida en el agua, a veces de utilizaba la tabla de lavar, que tenía unos surcos que la dividían en rombos, cuadrados... con lo que el frotado de la ropa era más efectivo. Ello suponía que las mujeres tuviesen otro utensilio más que bajar al río a al barranco además del cajón de lavar y del balde con la ropa.